Sobre El
niño yuntero
Comentario a partir de la estrofa 11
Estrofa 11: Se da en
esta estrofa un cambio de persona
gramatical, aparece el yo lírico a través de la primera persona. De esta
forma él se involucra con esta realidad, una realidad de la que se siente
responsable como lo es la sociedad toda.
Utiliza una comparación. El dolor que siente por este niño se asimila
al dolor que provoca una grandiosa espina. Es igual de persistente y no se
quitará hasta que esta realidad no cambie, así como la espina genera dolor y
sufrimiento mientras está clavada y este dolor no cesa hasta que esta es
quitada. El adjetivo “grandiosa” hace que la idea de dolor sea mayor.
El niño tiene
un vivir “ceniciento” (de color ceniza), y esto remueve el interior del yo
lírico: “revuelve mi alma de encina”. La mención a la ceniza nos vuelve a traer la visión de la muerte, nos renueva la
idea del vínculo entre este niño y la muerte. La encina es un árbol
característico del mediterráneo, forma parte del entorno cotidiano del poeta.
El yo lírico tiene alma de encina, esto configura un recurso que denominamos vegetalización.
Estrofa 12: Antes se
describió la realidad del niño yuntero como algo externo, objetivo. Ahora esto
es visto a través de los ojos del yo lírico: “Le veo…”. Lo ve arar los rastrojos (residuos de la tierra) y
devorar un mendrugo (pan duro). Deben notar cómo el niño siempre está vinculado
a los deshechos y cómo el hambre aparece sugerida a través de la
forma de comer de este niño (devora). También es importante ver que ese pan es
un pan viejo, endurecido; el niño no tiene el alimento que merece.
El niño tiene
en su interior cierto resentimiento por lo que le ha tocado, pero no lo expresa
verbalmente sino que pregunta “con los
ojos”. El yo lírico ve esto en su mirada y lo visualiza como un sentimiento
casi reprimido.
Estrofa 13: El yo lírico
expresa la angustia que le genera esta situación a través de metáforas: “Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta”. El dolor está focalizado en el pecho, es decir en una zona cercana al corazón (que se vincula a
los sentimientos), y en la garganta,
donde se siente la angustia reprimida y de donde debería salir la denuncia, debería
gritar para denunciar esta injusticia.
Luego expresa directamente el sufrimiento que
le causa ver la gran cantidad de trabajo que le queda por delante: “sufro
viendo el barbecho [tierra para labrar] tan grande bajo su planta”.
Estrofa 14: Las interrogantes que se presentan en esta
estrofa nos involucran; todo somos responsables de responderlas. A través de
ellas el yo lírico expresa la necesidad de que alguien o algo salve a este
niño, de que esta situación social no se siga reproduciendo.
A través de
una hipérbole nos da la idea de lo
pequeño que es el niño, es un chiquillo “menor que un grano de avena”.
“¿De dónde
saldrá el martillo/ verdugo de esta cadena?”
Verdugo (que
administra justicia).
Martillo:
persona que persigue algo con el fin de acabar con ello.
Cadena:
sugiere opresión. Sugiere sucesión de hechos, repetición de estos.
Estos versos
preguntan acerca de quién será el
encargado de hacer justicia y de cortar este círculo vicioso, esta cadena
de injusticias sociales. A su vez, el autor utilizó términos que en sus
diversas acepciones, son utilizados en su entorno rural: el “martillo” también
es el hueso entre el oído del animal y el yunque, y “verdugo” se le llama
también a una pieza de madera de la carreta.
Estrofa 15: En este final el yo lírico ofrece lo
que él siente como la solución; expresa su deseo respecto de las preguntas
planteadas en la estrofa anterior. Cree que la solución debe salir de los hombres jornaleros, de los
trabajadores, de los que día a día se ganan el pan con esfuerzo. Invita a estos
a que no olviden su origen: “antes
de ser hombres… han sido niños yunteros”. Nótese que dice “son y han sido”, es decir que, a pesar de haber crecido, a pesar
de que hoy su situación puede ser otra, nunca dejan su pasado atrás, a pesar de
sus años, no dejan de ser niños y, especialmente, niños yunteros.
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